VII Carrera por Montaña Sierra de Chiva
PRÓLOGO
El trail de Chiva es una de esas carreras de
las que llevan hablándome años, una de esas carreras que piensas: “Este está
zumbao”, una de esas carreras que poco a poco van germinando en tu interior.
Sinceramente, no tenía muy claro qué hacer
este otoño por esos problemillas de salud y comencé a seguir el plan de
entrenamiento de Marta para la maratón con pequeños ajustes de montaña, a meter
gimnasio poco a poco pero sin grandes esperanzas. Con la carga de kilómetros
comencé a sentirme bien y pensé ¿por qué no? Es hora de debutar con una de
61km.
Así que decidí endurecer el entrenamiento,
plantear el maratón de Valencia como un largo más y apuntarme a esta carrera.
Me habían dicho que era una de las mejores de España y ya os aseguro desde aquí
que, sin duda, lo es.
Si esperáis una crónica de aventuras, fotos
espectaculares y cosas así, léete la de la Buff Epic Trail. Esta vez no es la
ocasión. Esta vez he salido a correr.
EL PREVIO
La carrera sale a las 7 de la mañana, por lo
que bien tempranito nos vemos en Chiva. Casi sin aparcar ya estoy con Jose Carrasco
y con Juanma. El aparcamiento, público, es gratuito durante la carrera y está a
menos de 200m de la salida. Un auténtico lujo.
Al llegar a la plaza me encuentro con
Adriana. Se ha pegado el madrugón sólo para venir a verme salir. Son las 6.15
de la mañana y ya ha montado hasta las banderas del Team3FDC. Como dice ella,
con esto de ser “Fans” no me da tiempo ni para entrenar.
Recojo lo que queda de la bolsa (el dorsal se
podía anticipadamente y a mí me mola rallarlo con mis previsiones) y saludo a
Juan Carlos (Matao), a Paco Xufero y
a restantes zancadas allegados. Comentamos que hace calor (unos 10/12 grados) y
finalmente decido salir sin térmica debajo y con guantes + manguitos. Ando
constipado toda la semana y tengo más frio de lo normal.
Justo antes de entrar tengo el privilegio de
sacarme esta foto con Jose Vicente Torres, navajero de pro y runner compulsivo,
el cual tuvo el placer terminar en última posición tras una caída y una carrera
al límite.
LA CRÓNICA
Llevo toda la semana dándole vueltas a qué
estrategia seguir; es lo que tiene debutar en una carrera superior a distancia
maratón: que los nervios son como los de la primera vez. Al final opto por
pulsómetro, 150 pulsaciones y sálvese quien pueda. Arranca la carrera y sale
todo el mundo escopetado. No van muy deprisa pero mi patata se resiste a tirar
más fuerte con la semanita que llevo. Media vuelta por el pueblo y nos saluda
un rampón asfaltado a mano izquierda.
Se forma un grupo con los buenos y un segundo
con los “menos mejores”; incluso llego a quedarme cortado de este, pero aún
queda mucha carrera y tengo clarísimo que no quiero echar a perder todo a las
primeras de cambio. En la primera senda (en ligero descenso) descubro que la
gente le tiene mucho respeto a lo de correr de noche: Me engancho de nuevo en
el segundo grupo sin hacer ningún esfuerzo.
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| La salida a las 7 de la mañana, por lo que durante una hora corremos con frontal. |
Llega por fin la primera subida seria y
empiezan los problemas: Se me mojaron los palos la semana anterior a la carrera
y no se me ocurrió lo de hacerles un mantenimiento; resultado: bloqueados. No
se despliegan. Me quito los guantes y empiezo a estirar a muerte. “Nanai de la
china”. Recuerdo que el año pasado me pasó lo mismo y solo puede arreglarlo con
unos alicates, por lo que empiezo a blasfemar en arameo y guardo los bastones.
Acabo de echar la carrera a la basura.
Como a perro flaco todo son pulgas, alguien
que me adelanta dice “has perdut un guant”. Me doy cuenta del despiste y me
toca darme la vuelta hasta encontrarlo. Estaba más abajo de lo que pensaba y
encima es de noche. Vuelta para arriba y pensando que hay que cambiar de
estrategia en la carrera.
En el tramo de pista me engancho a Mike
Supertramp al que había desvirtualizado en la salida. Charramos un rato y me da
un consejo de esos que siempre te acordarás “No hay que correr ahora lo que no
correrías en el 40”. Al coronar nos despedimos y tiro “p’abajo”.
En el primer avitu te recogen el frontal para que no lleves carga extra. Por un
momento pienso en soltarles también los palos pero, por no tener que dar
explicaciones, paso del tema, así que arranco la segunda subida pensando que soy
tonto perdido.
Me junto en ese trozo con @pitufo_grr y le
veo subir trotando con una suavidad pasmosa. En un ataque de ira vuelvo a
sacar los bastones, me acuerdo de Santa Apolonia (patrona de los dentistas) y
me lío a mordiscos con uno de ellos. De repente noto un giro y ¡voilá, tenemos
palos!
Comparto varios kilómetros con el Pitufo, un
tío muy majo que viene de Madrid; que, como yo, se dedica a sacar fotos durante
la carrera. Me cede el paso en la bajadas (voy un pelín más que él) y le
devuelvo el turno en las subidas. En uno
de esos descensos, cuando estábamos alcanzando a Miguel Angel de Corremón,
pierdo el pie y de poco me doy un tortazo. Éste se gira y me da el segundo
consejo del día “Tío, tómatelo con calma y reserva piernas”.
Avitu y control de tiempos. Compruebo mi
dorsal y sigo con esos 2 o 3 minutos de retraso con mi planificación previa.
Vamos bien. En ese momento comienza la crono escalada a La Campana (para el que
la compitiera, a mí me sudaba un pie) y no tardo en escuchar un “Julito cabrón”
delante. El bueno de Matao, el que
quería hacer 8h30 (y que no se lo cree ni él) “solo” ha ido delante mío 16 km.
Seguimos progresando por las diversas zonas
de la sierra de Chiva. Muy agreste, con mucho cortado, un contínuo
rompepiernas. Hablamos de carreras, de donde comer e incluso de los mamones del
avituallamiento del 24 que se están haciendo una torrá de padre y muy señor mío.
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| Foto C.A. Marjana. La cita completa, de Teresa de Calcuta, la tenéis en el texto del desplegable de la izquierda del blog. |
Con la subida a la cueva Charnera la carrera
se empieza a poner seria. Cartelitos de ánimo aparecen entre los pinos y las
sendas tienen marcada la pendiente. Creo que esta iba por un 25% y algún tramo
tenía hasta una cuerda para ayudarte a trepar.
Km 27 y nos encontramos con Jose Carrasco que, con dolores de espalda,
va abandonar en el 30. Jarro de agua fría, sé que quería hacer buen tiempo.
El avitu del 32 es una verdadera fiesta. Las
chicas van disfrazadas de Elfos, los chicos están de cachondeo. Bocatas de
jamón, fiambre, fruta... me vengo arriba y me sacan un caldo casero que estaba
de vicio. Las buenas mujeres se alegraron muchísimo porque creo que fui el
primero que se atrevió con el asunto. No te puedes ni imaginar lo bien que me
sentó, aunque estaba tan caliente que no me lo pude terminar.
Hay un tramo de carretera antes de la
ascensión al pico Yerbas, el techo de la carrera. Gente es poco: Ambientazo
total. En este tramo pierdo al pitufillo y ya no lo encontraré hasta el masaje
de meta. La subida está marcada como senda, pero es una pista ancha y muy rota.
Lo ideal para ir progresando a bastonazo limpio. Tras coronar como algo,
disfruto de las espectaculares vistas del valle del Turia, con la Calderona y
papá Penyagolosa alzándose majestuoso al fondo; y me tiro de nuevo por la
montaña rusa.
La bajada se me hace larga, muy larga. Son 5
km acordándome de eso de reservar piernas, con bastante piedra suelta. Los
bastones empiezan a golpearme la espalda hasta tal punto que la siento en carne
viva. Empiezo a sufrir como un cabrón y tengo que cogerlos en la mano para no
ir llorando.
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| Así se me quedó la espalda. |
La cabeza ya va a su bola, voy pensando que
estoy a punto de rebasar la mayor distancia que he corrido en mi vida y
empiezo a mentalizarme que del 40 en adelante hay que tener mucho coco. Justo
en ese momento los de la organización han puesto un cartel con mi nombre.
“Que tu corazón y tu cabeza te lleven donde tus piernas no puedan”
Y así, de repente, tras el segundo o tercer
barranco del día, me encuentro con dos corredores justo delante de mí y un
avituallamiento ¡con jamón al corte! ABSOLUTAMENTE IRRESISTIBLE. Los dos
chavales salen cortando y yo, que os voy a decir, me quedo comiendo. Vale… ya
me conocéis. Lo volví a hacer: me abrieron una cervecita fresquita que me supo
a gloria bendita. Creo que los del avitu aún deben de estar descojonados que
hiciera eso un tío que iba entre los 20 primeros.
Todo el mundo me había dicho que aguantara
hasta el 40 y que a partir de ahí corriera todo lo que pudiera. Joder que fácil
que es decirlo, pero cuando en el 42 tienes 3 kilómetros “p’arriba”, pues la
cosa se complica algo. Adelanto a uno de los chicos y, a la altura de un mirador
espectacular con unos bancos, me desvío por la senda del Mal Viaje rezando por
no pegarme un idem (el primer tramo es rápido pero muy técnico).
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| Todas las sendas tenían un pequeño cartel indicativo. Foto C.A. Marjana. |
Cuando se encuentran las dos carreras (la
“corta” salía a las 9:30) me encuentro bajando “controlado” a 4.15; bastante
bien de piernas y muy motivado mentalmente. Bromeo con una amiga, paro a
rellenar en el avitu… y comienzan los problemas. Con el cansancio y tras casi 5
kms de bajada el cambio de dinámica dice que basta y se me suben los gemelos
hasta la garganta. Me tiro un magnesio al cuerpo y salgo del paso; pero ya
empiezo a rodar con poca confianza.
Afortunadamente el terreno es relativamente
llevadero y llego a la temida cuesta del 50; el Morró de Gitam (jodido Morró de
Gitam), con sus pendientes del 45% y sus escalones de madera. Me cuesta Dios y
ayuda ir progresando, además el grupo de gente de la corta va con mucha
parsimonia y tengo que ir pidiendo paso. Lento, pero seguro, jugando con las
incipientes rampas, consigo llegar a la parte de arriba e incluso pactar una
cita en meta con una voluntaria. Casi ya sin pulsaciones de lo despacio que
iba, me llevo el susto del segundo tirabuzón del “destorbaoret”: no sale
directamente sino que te hacen la envolvente con una trepada de piedras por la
parte de atrás. Blasfemo en arameo y me paso 2 eternos minutos jugando a ser
chiquito de la calzada en un escalón: ahora hago como que subo la pierna, ahora
me viene la rampa, ahora hago como que lo intento con la otra. ¡No puedooooor!
Los últimos 6 o 7 kilómetros son de bajada,
así que me dejo “redolar” con la mayor precaución posible, con ese miedo de
volverte a quedar bloqueado y meterte un porrazo de última hora. Por suerte
todo sale bien y encima consigo arañar una posición más. Según oigo la
megafonía veo que puedo incluso entrar sub 7h, me emociono y me pongo a tirar
como un loco. Finalmente entro en meta en 7h:36m. Más que muy contento.
EPÍLOGO
Es un poco friki, pero me gusta programar las
carreras. En esta ha sido fácil porque muchos amigos la han hecho y contar con
el track de José Manuel (compañero calzonazos de “A las 6 en Serra”), fue de
una gran ayuda. Con la incertidumbre de ver cómo respondería a la distancia;
desde el primer control fui entre 3 y 5’ por encima de mis previsiones, incluso
¡en el 50 clavé el tiempo!
C1 (14.5k)
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C2 (16k)
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C3 (22k)
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C4 (35
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C5 (50k)
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C6 (61k)
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|
REAL
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1:30:01
|
1:48:22
|
2:24:17
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4:07:51
|
5:44:59
|
7:00:36
|
| PREVISTO | 1:25:00 | 1:45:00 | 2:18:00 | 4:05:00 | 5:45:00 | 6:55:00 |
Respecto a la alimentación, para mi era
importantísimo comer mucho y variado. El asunto terminó con 7 geles (4 con
cafeína); 4 barritas de frutos secos; 2 litros de isotónica; 1 caldito, media
cerveza, jamoncito rico rico, 3 trozos de espetec y dos puñados de papas… ¡ah!
Y la fantástica paella del avitu final.









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