Trail Almedijar 2017



Esto es la crónica de una carrera que empezó a una semana antes.

Es la crónica de una lucha de hombres contra elementos.

Es la crónica de un temporal como hacía años que no se vivía.

Es la crónica de un club, el Som Passatge, dejándose la piel para que todo saliera bien.

Es la crónica de un grupo de corredores contra condiciones poco habituales.


                                               Comenzamos.


Para que una carrera tenga éxito se precisa de muchos ingredientes. Hay que mezclar en una coctelera un entorno mágico (Espadán), una organización innovadora que en cuatro años no repiten carrera (este año era la del pasado pero al “sèver”) y una cuidada imagen. Todo esto removido, que no agitado, da un cóctel especial: “Escucha la llamada”.

Como en los buenos bares de copas, siempre hay algún elemento que se pasa de la raya y puede terminar aguándote la fiesta. En esta ocasión el susodicho elemento tenía un nombre propio: El tiempo.

Y es que una inesperada ola de frio acompañada de tormentas dejó unas precipitaciones en forma de nieve más que considerables. Una semana antes el acceso a la zona por donde discurrirá la carrera únicamente se podía hacer con raquetas. Una semana antes varios “Raticas” desistieron de atacar el pico por el gran riesgo de caída de ramas y árboles. Una semana antes más de 20 árboles impedían la entrada de la asistencia sanitaria y apuntaban al suspenso de la prueba. Una semana antes arboles caidos, ramas rotas, barrancos desbordados hacían que una carrera, el trail Almedijar, tuviera muchas posibiliades de terminar con un “lo sentimos” en las redes sociales.

Pino enmedio de la pista. Lo quitamos.
Pero apareció la casta de la organización, un puñado de montañeros de una raza especial, amantes de lo que hacen y de un deporte, el trail. Un grupo de gente que se tiró una semana enterita sacando ramas rotas sin más ayuda que sus brazos porque no tenían permiso para nada más. Gente que cambiaba su turno de trabajo, que tuvo que pedir vacaciones para que cerca de 800 “colgaos” tuviéramos la oportunidad de disfrutar como gorrinos de las excepcionales condiciones.

Los chicos de la autt a punto de empezar a abrir camino a base de cabrestante.
En una de esas, vale, es cierto, me pidieron ayuda. Y yo, aunque digan que me mojé mucho, simplemente tuve que descolgar el teléfono y hablar con otro grupo de amantes de la naturaleza, la Asociación de Usuarios del Todo Terreno (www.autt.org). Su lema, “Si sales al monte, que no se note que has estado”, podría grabárselo a fuego muchísima gente. A partir de ahí, lo visto en las RRSS, un sábado brutal, con permiso (por fin) del parque natural,  con 7 u 8 motosierras despejando por la vía rápida los caminos y sendas y con dos toyotones, el de Tikis y el de Vicente, abriendo a golpe de winch el único acceso posible de al ambulancia. Así que gracias @jsucman, por tu artículo, pero el mérito es todo vuestro.

                                                Crónica.

En fin, hablemos de la carrera, que aquí hemos venido a correr.

Sabía que no podía repetir mi tiempo ni posición del año pasado, prácticamente ando en pretemporada porque con Chiva acabé muy tarde y me he dejado bastante descanso. Además entrené estas navidades parte de la carrera y sabía que el cambio de sentido iba a estar muy divertido: el barranco de Almanzor engaña, va picando hacia arriba y pasará factura si vas rápido.

Foto Vicente Purificación.
Intento salir bien situado pero sin pasarme. Enseguida comienza la Fiesta del Agua con múltiples vadeos. Puede que me engañe pero nos mojamos los pies 8 o 9 veces en menos de 5 kms. El monte está impresionante, con la que ha caído más incluso que en  navidades.

Llegamos a Íbola un grupo interesante con Miguel (Supertramp), Ramón (Chaparro) y David (Solano). Vamos comentando la jugada, los objetivos de la temporada y las típicas frases de “anda que yo estoy más flojo que tú”.

La subida del pico también tiene ese carácter “slow” que de repente ha adquirido la carrera. Las vistas de toda la Plana de Castellón con las Islas Columbretes perfectamente definidas mucho antes del horizonte hacen el deleite de todos los que subimos.


Poco a poco comienzan apareciendo las primeras lenguas de nieve (ya bastante helada) y la carrera se empieza a volver técnica. Las diversas pedreras que hay se presentan teñidas de blanco y las cruzo pensando si es peligroso, más rápido o las dos cosas a la vez. Hay tramos que veo que los de delante se me alejan y recodos en los que me encuentro pisándoles los talones.

Llego a los famosos  escalones de nuevo en el grupo y cuando toca coronar aquello ya parece el Corte Inglés en plenas rebajas. Afortunadamente ahí arriba está el gran Alberto Martín, uno de los responsables del evento y Rafa Ortiz con ganas de inmortalizarlo todo. Así que, mientras todo el mundo se decide a empezar la bajada, me dedico a hacer el gilipoyas, a posar y a tirarme por el hielo.

Foto de Rafa Ortiz

Encontrarse con Alberto es risa asegurada. Foto Sergio Martín

Bajé, volví a  subír y me tiré de culo. es que había cola :)

Para asegurar el paso pusieron una cuerda a última hora. La pendiente es considerable (en seco es una bajada dificililla) y la lengua de hielo de unos 40 metros de larga puede ser peliaguda. Todo el mundo progresa con mucho cuidado pero yo me siento muy seguro apoyando con los bastones. Tanto es que aprovecho y saco un gel para comer entre patinada y patinada.

Un “Julio, aparta anda” me devuelve a la realidad.  Aparece Ramón detrás de mí (supongo que le rebasé en el avituallamiento) y se tira hacia abajo con esa velocidad que siempre me sorprende, menudo ritmo tiene el canalla. Sinceramente: me toca la moral, así que guardo los bastones para tirarme detrás suyo con un par. Tras varios adelantamientos le vuelvo a coger la estela en el ultimo tramo de bajada al Estuco, el cual está muy divertido entre ramas sueltas, barro y nieve revuelta.

El barranco de Aguas Negras baja crecido, la cascada rebosante de agua; el cauce, totalmente cristalino, juega al despiste con su nombre. Alguien de la organización está pendiente de nosotros –“Cuidado ahí al pisar, no tienes más remedio que mojarte, pero esas dos rocas resbalan”.

Había que atravesar para seguir por el otro lado
Desvío a la izquierda y comenzamos a remontar el barranco Malo, cuna de resbalones inciertos y talegazos varios. Suplicio para nuestras cansadas piernas y fuente de futuros costipados. Aquí no hay más remedio que progresar por dentro varios tramos. El agua baja fría de pelotas y con bastante fuerza. Cubre. Resbala. Hay zarzas, ramas caídas y, como no, bastante desnivel.

Llegamos a la parte alta nuevamente el mismo cuarteto que en Ibola, salvo David que se ha descolgado. La senda final está totalmente cerrada y toca hacer una variante nevada por pista forestal. Sólo son 300 metros y, pese a que se hacen bastante pesados, consigo salvarlos bien tirando de bastones. Estamos arriba y ahora si, de verdad, empieza la carrera.

Me lanzo por la pista con todo lo que la fina capa de nieve (ya hielo) me permite. Un resbalón puede ser letal y no quiero comprometer la temporada. Un par de fotógrafos y postureo en los dos retratos.
El bueno de Toni se quedó con el postureo y hasta lo mencionó jejej.
Empiezo a estar hasta las narices (no digo cojones que luego la gente se me queja en Facebook) de la carrera. Me cuesta “remar” y encima me duele la barriga. Intento alternar agua, isotónico y algo de comer pero no tengo ya mucho cuerpo. Empiezo a pensar que los 7 kms que faltan se me van a hacer muyyy largos. Las pajas mentales hacen que empiece a sumar, que pienses que te has olvidado de coger geles suficientes, que odies con todo tu corazón ese tramo de pista tan largo entre bellido y balsillas.

En la cresta de Castellnovo vuelven a mi mente los calambres de Espadán 2016. Pajas mentales contra las que solo lucho pensando en que tengo que bajar a tumba abierta. Me concentro y durante un rato solo pienso en correr. Veo de vez en cuando el pulsómetro y ando a 170 ppm remontando posiciones.


Sin darme cuenta llego al útimo avitu. Estoy cansado pero vuelvo a tener ganas de hacer el tonto. Pido cerveza y me ofrecen mistelita. Cojo algo de membrillo y me mentalizo de que los últimos 4 van a ser chungos. Chungos no, húmedos y hasta la rodilla. Vadeo por debajo de la carretera, vadeo por el rio, vadeo por el acueducto. Jodo que frío está el puñetero Almanzor.

Por fin Almedijar, donde, por si  no nos habíamos dado cuenta, nos habían preparado un último cruce con un cordelico para disimular. Estoy hasta las mismísimas pelotas del agua y de la carrera. Tengo ya ganas de dejar de correr.

La cara ya es un suplicio. Foto Vicente Purificación.

Al girar un recodo, tengo un SUBIDÓN de los buenos: ahí hay una colla del Team3FDC entre debutantes y viejos lobos acompañantes. Les grito con toda la rabia que me queda dentro y les digo que se ha acabado la carrera, que el último kilómetro lo voy a hacer con ellos.

Me mandan a freir espárragos (andaban esperándose) y sólo Felipe me acompaña hasta el pueblo dándome ánimos. A 300 metros de meta me dice… -“tío, ponte a correr que aquí llega uno de tu carrera”. Me giro y veo al rojo y pienso en amenazarle “No tendrás los santos cojones de adelantarme ahora”. Sólo lo pienso, porque las piernas salen como dos resortes directas a la meta. Directas a la rabia, directas a soltar toda la tensión que llevaba dentro.

Foto y detallazo de Top Run. Muchísimas gracias Andrés.

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